Salud mental masculina. retrato de un joven sereno con los ojos cerrados de pie contra el fondo azul

Por: Angie Sabogal y Margarita Moñino

Por temas socioculturales y especialmente desde una visión machista, a muchos hombres se les enseña a invalidar sus emociones, escuchando desde pequeños, frases como “no llores”, “pareces una niña”, “qué sensible”, entendiendo con esto de forma indirecta que no pueden ser vulnerables, y que especialmente, la tristeza, es la emoción que menos deben exhibir, llevándolos a concluir que sentir dolor emocional es algo que deben evitar o lidiar a solas; como resultado, muchos hombres crecen creyendo que mostrar que están mal es fallar como hombres. En contraste, suelen permitirles exteriorizar su ira en altas intensidades como gritos, golpes o empleando su fuerza para lanzar objetos, siendo estos actos incluso aceptados socialmente, asociándolos como signo de un carácter sólido o de liderazgo.

Pero la tristeza, como cualquier otra emoción, no desaparece sin procesarla, en el caso de los hombre tiende a transformarse, y en vez de mostrarse vulnerables, terminan molestándose, aislándose, resguardándose en exceso de trabajo, consumo de alcohol u otras drogas, e incluso evitando vínculos.

Con el tiempo, ese acumulado de tristeza y malestar, del que nunca se habló, lleva a los hombres a explotar en forma de crisis, ansiedad, depresión, violencia, enfermedades físicas o incluso deriva en suicidio, razón por la cual es el género predominante en las estadísticas de este acto. Además, es importante reconocer que la dificultad para hablar de lo que sienten no solo afecta a los hombres en lo individual, también tiene un fuerte impacto en sus relaciones. Al no expresar tristeza, miedo o preocupación, pueden generar distancia emocional con sus parejas, hijos o amigos, pues los demás perciben silencio, frialdad o incluso enojo en lugar de vulnerabilidad. Esto alimenta conflictos, soledad y la sensación de no ser comprendidos, cuando en realidad lo que hay detrás es una necesidad de apoyo que nunca se verbaliza. Romper este patrón permite a los hombres conectar de manera más auténtica con quienes los rodean y construir vínculos más sanos y significativos.

Todo lo anterior denota cuán importante es hablar del tema, que los hombres se sientan escuchados y que sepan que todas sus emociones son válidas, que es permitido llorar, sentirse débiles y vulnerables, porque las emociones las tenemos todos los seres humanos, y si bien, pueden no saber cómo gestionar lo que sienten, para esto están los profesionales en salud mental. Aunque cada vez hay más conciencia del tema, todavía muchos hombres sienten vergüenza de ir a terapia, teniendo aún el tabú de que asistir a estas sesiones es sinónimo de que están “locos”, que es para “débiles” o que pueden arreglárselas por su cuenta, estas ideas siguen vivas y refuerzan la idea errónea de que pedir ayuda es rendirse, sin embargo, es un acto de autocuidado y de reconocer su identidad y humanidad.

Por otro lado, es clave hablar de cómo estos estigmas se transmiten de generación en generación. Muchos hombres que crecieron escuchando frases como “los hombres no lloran” repiten esas mismas ideas con sus hijos, sin darse cuenta de que perpetúan una cadena de silencio emocional. Sin embargo, cuando un hombre decide mostrarse vulnerable y aceptar que pedir ayuda es válido, abre el camino para que los más jóvenes aprendan que sentir y expresar emociones es parte de ser humano, y no algo que reste fuerza o masculinidad. De esta manera, no solo cuida de sí mismo, sino que contribuye a una sociedad más empática y saludable.

Hablar sobre tus emociones no es un llamado a debilitar la masculinidad, sino a transformarla en una versión más plena y consciente. Reconocer las emociones, pedir ayuda y permitirse llorar no resta fuerza, la multiplica, porque otorga la capacidad de vivir con autenticidad y de construir relaciones más cercanas y reales. Cada hombre que se atreve a desafiar los estigmas rompe con la idea de que sentir es un signo de fracaso, y demuestra que la valentía también está en mostrarse humano. La verdadera fortaleza no está en callar, sino en atreverse a sanar.

Si estás atravesando momentos difíciles, o sientes que algo no está bien pero no sabes cómo ponerlo en palabras, este es el momento de escucharte. Pedir ayuda no te hace débil, y si es necesario, puedes romper los estigmas que te han impedido antes sentir tus emociones, para acercarte a una vida más más sana y que te conecta más contigo mismo y con los demás, también la terapia te ayuda a sanar y a admitir tu vulnerabilidad sin que eso te lleve a perder tu idea de masculinidad.

Referencias:

Ministerio de Salud. Boletín de salud mental. Conducta suicida. Subdirección de Enfermedades No Transmisibles 2018. Disponible en: https://www.minsalud.gov.co/sites/rid/Lists/BibliotecaDigital/RIDE/VS/PP/ENT/boletin-conducta-suicida.pdf 

Diferencias de sexo asociadas al suicidio y años potenciales de vida perdidos: un estudio retrospectivo. Tomado de: http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0120-386X2023000200005#:~:text=Con%20relaci%C3%B3n%20a%20la%20tasa,que%20la%20tasa%20en%20mujeres

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